Es aún peor cuando estas de viaje con tu familia o amigos y antes de llegar a tu destino tu vejiga te juega mal plan. No puedes más, en cada bache se te quiere escapar un poco; de repente ves un letrero de gasolinera o paradero y sientes esperanza.

Pero tampoco es bueno lo que va a pasar después; corres al baño y una música de terror mental ambienta la escena, el dispensador de papel está vacío, no hay jabón, no hay seguro en la puerta, la tasa del inodoro tiene de todo y entonces te acuerdas de Michael Jackson y su paso de puntillas, no queda más que hacerlo en 45 grados, sin topar nada y esperando no bloquearse.

Todo lo que podrías estar sintiendo ese momento: asco, estrés, desesperación, arcadas, tiene un explicación lógica para algunos pero también tiene un nombre: paruresis y te podría suceder en tu trabajo, en un restaurante, en una casa ajena o un hotel.

Y es normal, los peligros que puedes encontrar en un baño público son múltiples, desde sospechosos estreptococos, estafilococos, E. colivirus de hepatitis A, el virus del resfriado común y varios organismos de transmisión sexual, esto siempre y cuando topes el hinodoro de manera muy exagerada.

Según la OMS, usar constantemente baños públicos es uno de los principales factores de riesgo para la adquisición de enfermedades infecciosas.  

Entonces, ¿nos hacemos pipí la próxima y nos alejamos totalmente de los baños públicos? Lo mejor es siempre evitar sentarse en la taza, es lo que recomiendan los expertos. Pero también aseguran que, si tu sistema inmunológico está sano y adoptas medidas simples de higiene como lavarte las manos, no hay razón para temer a un baño público.

Vía: Cógido Nuevo y El País

No me digas, ¿sientes paruresis? Cuéntanos una anécdota en los comentarios.

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