31 años después del mayor accidente nuclear de la historia de la humanidad, ocurrido en Chernóbil-Ucrania, la central ahora abandonada ha vuelto a conmocionarnos. La razón: los perros radioactivos que viven dentro de su perímetro de exclusión.

Tras la catástrofe del 26 de abril de 1986, muchas personas fueron obligadas a evacuar y dejaron a sus mascotas allí, pensando que llegarían luego a sus casas. Sin embargo, eso no ocurrió, y en la actualidad centenares cachorros descendientes vagan por las zonas.

Foto. AFP / SERGEI SUPINSKY

Un nuevo video viral, ‘The Puppies of Chernobyl’, del cineasta Drew Scanlon, que recorrió el área cercana con niveles de radiación poco peligrosos, nos ha alertado de la cruel realidad: muchos perritos parecen estar ansiosos por tener cariño humano. Sin embargo, como está prohibido tocarlos, ya que pueden llevar partículas radiactivas en el pelaje, todos se alejan de ellos.

También pueden tener rabia o enfermedades transmitidas por animales salvajes, igual radioactivos (lobos, ciervos, linces, osos), que sin la presencia humana se han incrementado y expulsado a los cachorros hacia la central, la zona con peores niveles de radiación, en busca de comida.

Se sabe, por ejemplo, que los pobres lobos sufren de cataratas por culpa de la contaminación nuclear, y que muchas especies de insectos muestran mutaciones inéditas en su anatomía o aspecto.

La situación ha hecho que varias organizaciones traten de protegerlos. Una de ellas, la ONG ‘Clean Futures Fund‘, que está implementando un plan de esterilización para los aproximadamente 900 gatos y perros del lugar, y les está brindando alimentación y cuidados médicos.

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