Las interminables filas de ciudadanos venezolanos escapando de la situación política y económica de su país se ha intensificado esta semana tras una prohibición de Colombia que impide que se queden ahí.

Niños, bebés y adultos pasan semanas enteras en la terminal terrestre de Tulcán o diferentes parques de Ibarra, donde ya no es extraño ver dormitorios improvisados pues estas personas no cuentan con los recursos para pagar hospedaje.

Algunos solo traen consigo una pequeña maleta, lavan sus platos en una pileta y ahorran lo que más pueden para enviar algo de dinero a sus familiares que quedan en Venezuela.

“Pero, en mi país está peor la cosa -por la crisis-”, dijo Jefferson, un peluquero venezolano de 25 años que fue entrevistado por diario El Comercio

En estos sitios se van formando comunidades que se dan apoyo. Muchos llegan sin pasaporte, en Venezuela cuesta seis millones de bolívares y para conseguir eso, con el sueldo mínimo, una persona tendría que trabajar al menos cuatro años.

 

En la noche se acomodan en las bancas de las salas de espera de los terminales del norte y no es raro ver coches de bebés cubiertos con cobijas.

Pernoctan hasta 300 extranjeros, mientras realizan los trámites para continuar su viaje según el administrador de la terminal de Tulcán.

Yolanda Montenegro, quien ha dispuesto un sitio de hospedaje gratuito llamado Jesús El Migrante, acoge a 40 personas aproximadamente. “El mes anterior llegaron 600 viajeros, de los cuales 400 eran de Venezuela” dijo.

El éxodo de venezolanos es tan grande que la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en Venezuela, envió un comunicado recordando a los países que deben dar protección y accesos a los derechos básicos a los inmigrantes.

Fuente: 1, 2.

Foto destacada: El Universo 

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