Un equipo periodístico de diario El Comercio, desapareció el 26 de marzo del 2018 en un punto limítrofe entre Colombia y Ecuador, mientras realizaban un reportaje en la zona.

Se trataba de un periodista, un fotógrafo y un conductor. Gobierno, medios y ciudadanía se movilizaron y gestionaron acciones para pedir por la vida y seguridad de los 3 ciudadanos, pero el desenlace de esta historia nos trajo la peor de las tragedias.

¿Por qué no se revelaban las identidades?

Ministro del Interior, César Navas Vera aseguró que se aún se negocia liberación del equipo periodístico.

El Gobierno nacional pidió que se reserven los nombres por razones de seguridad. Sin embargo, esta actitud estaba lejos de ser una estrategia, pues no se trataba de un caso de secuestro común.

Los protocolos de organizaciones internacionales de periodistas y de Derechos Humanos recomiendan fortalecer la imagen de una persona secuestrada, más aún cuando se trata de periodistas, pues es la forma más directa de dar a conocer al secuestrador el alto costo político que significaría una acción errada que comprometa la integridad de los secuestrados.

Bajo esas premisas, CEDHU, FUNDAMEDIOS e INREDH acordaron revelar el perfil personal y profesional de Paúl Rivas, fotógrafo de diario El Comercio, posteriormente de Javier Ortega y Efráin Segarra quienes realizaban coberturas en la zona de Mataje.

Fotoperiodista secuestrado es Paúl Rivas

Estas organizaciones también han expuesto ejemplos de cómo se han tratado otros casos y los protocolos que se deben seguir. (Ver el PDF)

El fotógrafo Paúl Rivas

Rivas no es un fotógrafo que haya pasado desapercibido. Lleva más de 20 años trabajando para el diario mencionado y ha realizado diversos trabajos fotográficos, recibiendo reconocimientos nacionales e internacionales.

Paúl cumplirá 46 años este 25 de abril. Su sensibilidad con las problemáticas sociales se ha plasmado en foto reportajes como “Desaparecidos y tatuados en la piel” en el que registró los rostros de los familiares y su dolor, frustración e impotencia al no tener información de un ser querido. Una situación similar a la que atravesará su familia mientras Paúl no aparezca sano y salvo.

Una de las 10 imágenes del trabajo “Desaparecidos y tatuados en la piel” de Paúl Rivas

 

Efraín Segarra

Efraín era un conductor aventurero, tenía 60 años y sus compañeros periodistas lo conocían como ‘Segarrita’. Fue padre de dos hijos, uno de ellos es reportero del matutino de Quito.

Según relatos familiares, era amante de los animales, lo que lo llevó en una ocasión a cuidar en su casa hasta 12 perros abandonados. Los últimos años adoptó dos gatos y un can.

Llevaba 16 años trabajando para el diario, y guardaba fotografías de todos los viajes que le eran encargados.

Segarra trabajó como conductor en un ministerio y en un banco, en el que llegó a manejar camiones blindados. Era aficionado del Deportivo Quito, ahora en la segunda división, del que ostentaba una colección de camisetas.

Javier, Paúl, Enfraín.

Javier Ortega:

Tenía 32 años, vivió su adolescencia en Valencia, España, donde trabajó en una heladería. Posteriormente regresaría al Ecuador para estudiar periodismo.

Javier era el último de tres hermanos, soltero y sin hijos. Quienes lo conocen lo describen como un hombre sereno, y sus amigos recuerdan sobre todo su sonrisa contagiosa.

Trabajaba para diario El Comercio desde hace 6 años en temas de seguridad. Entre sus coberturas destacadas figuran las del terremoto en Manabí en 2016; el accidente aéreo que dejó 22 militares muertos en la Amazonía ese mismo año; la deportación de decenas de cubanos desde Quito entre otros.

Fuente: 1

 

 

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