El activista y el ingeniero de software Tristan Roberts se inyectó una solución química el año pasado que esperaba que modificara su código genético para curarlo del VIH, y transmitió en vivo todo el proceso en Facebook.

El autoexperimento público de Roberts atrajo una nueva ola de atención hacia la práctica del biohacking, que básicamente significa realizar investigación biológica fuera de instituciones como universidades y compañías farmacéuticas.

El compuesto experimental autoadministrado por Roberts  fue desarrollado por una pequeña empresa llamada Ascendance Biomedical y no fue aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA).

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¿Pero cómo es posible? Fácil,  empresas como Ascendance Biomedical basan sus modelos comerciales en un vacío legal: mientras que comercializar algo como medicina sin la aprobación de la FDA es ilegal, comprar lo compuestos químicos de investigación y probar con ellos es legal.

Partiendo de la base de que el organismo humano es una máquina simple que, por supuesto, puede mejorarse, los biohackers experimentan  las formas más variadas para potenciar las capacidades físicas y mentales mediante la tecnología.

Desde tener prótesis inteligentes para una pierna hasta ver en la oscuridad y almacenar cantidades ingentes de datos son posibles.

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Todo esto puede sonar muy loco y todavía parecerían excéntricas las personas que hacen esta apuesta, pero la verdad es que por increíbles que parezcan estos avances funcionan.

Las luchas internas asedian a empresas como Ascendance Biomedical y también las divisiones filosóficas en la comunidad de biohacking.

Algunos están motivados por un deseo de subvertir el proceso de aprobación de medicamentos porque creen que la gran industria farmacéutica y las ganancias se han corrompido, mientras que otros simplemente son empresarios de corazón.

Datos

La primera persona cyborg: Neil Harbisson fue la primera persona cyborg reconocida por una institución internacional. Tiene una antena con la que puede percibir el sonido de los colores.

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Una de las aplicaciones más espeluznantes: El ADN que transporta virus informáticos. Aunque, por ahora, podemos estar tranquilos. Este tipo de ataques está lejos de ser práctico.

Sin embargo,  si se populariza, los piratas informáticos podrían tener acceso a la propiedad intelectual o posiblemente contaminar un análisis genético, como las pruebas de ADN criminal.

Las compañías podrían incluso colocar código malicioso en el ADN de los productos genéticamente modificados para proteger los secretos comerciales.

Cuéntanos, ¿te someterías a un autoexperimento similar?

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