El archipiélago de Chiloé, tanto su isla grande como el resto de sus islotes pertenecen a la Patagonia chilena.

Las aguas están habitadas por diversas especies de lobos marinos y toninas (una especie de delfín), y también reciben visitas esporádicas de varias especies de ballenas. Particularmente, es el área de alimentación para las ballenas azules.

Recientemente, un nuevo monitoreo reveló algo impresionante: “la ballena azul que creíamos chilena se mueve también por aguas de Perú, Ecuador e internacionales”, según Rodrigo Hucke-Gaete, académico del Instituto de Ciencias Marinas y Limnológicas de la U. Austral de Chile (UACh).

El equipo de la UACh y el Centro Ballena Azul han dedicado 15 años a la investigación y el monitoreo ininterrumpido de la zona, pero no se tenía certeza de hacia dónde partían los individuos que en otoño e invierno se iban de Chiloé.

Las primeras ballenas marcadas con transmisores satelitales empezaron a dar un pista importante: las islas Galápagos.

La investigación fue corroborada en un estudio publicado en la revista PeerJ, tras estudiar el desplazamiento de 10 ballenas azules marcadas con transmisores satelitales en el mar interior de Chiloé entre 2013 y 2016.

“Nadie en el mundo sabe dónde se reproducen las ballenas azules, nunca se ha visto una cópula, un parto o hembras amamantando”, dice Hucke. Pero en Galápagos y los sitios de desplazamiento adyacentes podría existir un área de reproducción para las que migran desde Chiloé.

El desafío es “encontrarla y entenderla, para protegerla”, asegura el investigador Rodrigo Hucke.

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Fuente: 1, 2, 3.

Foto destacada: formulatv.com 

 

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