Haití vive una de sus peores crisis económicas con un déficit presupuestario que supera los 86 millones de dólares en el primer trimestre fiscal, una inflación de más del 15% y la pérdida de más del 68% del valor de la moneda nacional frente al dólar en los últimos 3 años.

La pobreza extrema en Haití alcanza a una cuarta parte de la población y más del 80% vive con menos de 2 dólares diarios. En este escenario, las manifestaciones son reiteradas y crecen en intensidad y violencia.

En los últimos 4 meses, la población ha sacudido al gobierno de Jovenel Moïse, un empresario de la industria del plátano. La oposición lo acusa de instalar en su gestión una profunda corrupción que alimenta la ira social, pues cada vez se revelan más negocios de políticos y empresarios en perjuicio de las finanzas públicas.

Los grupos opositores exigen una investigación sobre el uso de 3.800 millones de dólares de fondos que recibió Haití como parte de Petrocaribe, el programa de asistencia creado en 2005 por el gobierno de Hugo Chávez para ofrecer petróleo a precio subsidiado para los países del Caribe. Los manifestantes acusan al presidente Moïse de haber colaborado con el mecanismo de corrupción que desvió el dinero.

Foto: Protestas en Haití por el alza de combustibles en 2018.

A inicios de febrero se retomaron las protestas al cumplirse el segundo aniversario de Moïse en el poder, lo que fue aprovechado por los opositores para marchar y pedir su renuncia.

Hasta el momento, la crisis ha resultado en la muerte de al menos 26 personas y en más de 77 personas heridas, según información de Unicef.

Existe preocupación por el bloqueo de calles, avenidas y carreteras; violencia dirigida a manifestantes; disparos esporádicos; detenciones de protestantes; desprovisión de bienes y servicios esenciales para la alimentación, el agua potable y la salud; cierre de hospitales, escuelas, aduanas portuarias y aeropuertos, según reportó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

La reacción del gobierno

Foto referencia: Las protestas pacíficas se transformaron en revueltas y comenzaron los saqueos y los enfrentamientos que han paralizado el país nuevamente.

A inicios de febrero y después de un largo silencio, a través de Facebook, Moïse publicó un comunicado en el que aseguró que no renunciará y que no dejará el país en manos de “criminales” y “traficantes”.

El martes 26 de febrero, el jefe de Estado de Haití instaló un Comité de Facilitación del Diálogo Nacional Interhaitiano y destacó que con el diálogo su administración pretende establecer soluciones para los conflictos y el cese a las protestas.

“Salvaremos a Haití cuando tengamos un diálogo sin fuerzas, con sinceridad, en el que todos participen y pongan en primer lugar el interés colectivo”, dijo.

La reacción internacional

Pese a todas las organizaciones que operan en programas de ayuda en Haití, algunos haitianos nunca han salido de los campos que fueron creados justo después del terremoto de 2010 que dejó más de 300 mil muertos. Fotografía: Javier Fariñas Martín-AIN

Hoy en día, frente a esta  -relativamente- nueva crisis, el Departamento de Estado de EE.UU. y el gobierno de Canadá emitieron alertas de viaje para recomendar a sus ciudadanos no visitar Haití hasta que se aplaque la inestabilidad.

El Core Group, un grupo integrado por el representante  de Naciones Unidas y los embajadores de Alemania, Brasil, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, la Unión Europea y la OEA, llamó a los actores políticos a un diálogo y a buscar una solución a la crisis.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) también anunció que instalará una Sala de Coordinación y Respuesta Oportuna e Integrada (SACROI) para monitorear la situación de violencia y desabastecimiento en Haití.

“En el contexto que vive hoy el país, son esenciales los mecanismos de diálogo que aseguren la paz, la reconciliación y garanticen verdad, justicia y la reparación a la que tienen derecho las víctimas, especialmente las familias que han perdido a sus seres queridos”, ha dicho la presidenta de la CIDH, Esmeralda Arosemena de Troitiño.

Los críticos consideran que estos esfuerzos son tibios y no aplacan la emergencia de manera oportuna y con razón, en un contexto de hambre y necesidad, lo que menos necesitan los haitianos por ahora, es dialogar.

Fuente: 1, 2, 3.

 

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